LA INDUSTRIA DEL VINO EN ALERTA POR LA BAJA DEL CONSUMO Y LA CAÍDA DE LAS EXPORTACIONES.
El sector vitivinícola está sufriendo las consecuencias de la recesión, al punto que dos bodegas históricas comunicaron una reestructuración de pagos hasta la presentación en concurso preventivo de acreedores.
La industria del vino argentino se encuentra en un momento de grave alerta ante un cúmulo de señales negativas que muestran una contracción simultánea del consumo interno, la caída de las exportaciones y el preocupante aumento del stock de producción sin salida comercial. Por la histórica relevancia del sector para la economía regional y nacional, esta situación genera inquietud entre productores, gremios y analistas.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) reveló que el consumo interno de vino retrocedió un 3,7% entre enero y noviembre de 2025, mientras que las exportaciones se redujeron un 6,8% en el mismo período. Esta caída se suma a las tendencias globales de menor demanda por esta bebida.
Más allá de las cifras, el contexto económico nacional, signado por una pérdida de poder adquisitivo de los hogares, ha empujado a los consumidores a recortar gastos en productos que empiezan a considerarse prescindibles, como el vino tradicionalmente presente en la mesa familiar. La caída de la demanda, sin embargo, no es homogénea en todo el sector vitivinícola.
Dos conocidas bodegas reestructuraron sus deudas y una ya anticipó convocatoria de acreedores.
Las bodegas de gran escala sin una fuerte presencia en el segmento de consumo masivo ni en el mercado premium, como Bianchi y Norton, han sentido con más fuerza el impacto de esta contracción, lo que llevó a reestructuraciones de pagos y, en el caso de Norton, a la presentación en concurso preventivo de acreedores.
Los desafíos no se limitan al mercado. El alto peso tributario que soporta la producción vitivinícola en Argentina, estimado entre el 57 % y el 62 % según la Corporación Vitivinícola Argentina, reduce la competitividad de las firmas frente a países vecinos como Chile, donde esa carga se sitúa entre el 33 % y el 42 %.
A esa doble presión de menores ventas y mayores costos se suma el fenómeno del aumento en el stock. Prácticamente las bodegas de todo el país acumulan inventarios sin salida comercial, lo cual dispara temores de ajustes productivos en el futuro si no se revierte la tendencia de caída en el consumo y la erosión de la demanda interna y externa. Fuente Diario Chaco.
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